En la oscuridad de la noche se oía el ruido de agua. Había un esclusa de ladrillo, de modelo antiguo, que se abría y se cerraba al girar una manivela. El río no era una corriente tan pequeña como para que las hierbas de la orilla pudieran ocultar casi por completo la superficie del agua.Los alrededores estaban sumidos en la penumbra. Una obscuridad tan profunda que , tras apagar la linterna de bolsillo, no me veí los pies siquiera. Y sobre el estanque de la esclusa volaban cientos de luciérnagas. Los destellos de luz se reflejaban en la superficie del agua como chispas ardientes. Cerré los ojos y me sumergí un momento en el recuerdo. Oía el viento con una claridad meridiana. Aunque no soplaba con fuerza, en mi cuerpo dejaba a su paso un rastro extrañamente brillante. Abrí los ojos y comprobé que esa noche de verano era, si cabe, más oscura.
Tokio Blues, Haruki Murakami.
Existe en algunos sujetos con cierta orientación al victimismo una tendencia autodestructiva que podría resumirse en un gusto por el goce sacrificial, en estos casos el individuo se autolesiona consciente o inconscientemente somatizando todos los problemas no expresados y que le han llevado a una situación sin salida ante la incapacidad por encontrar una solución óptima o simplemente una solución; se trata de un problema de expresión y resolución de conflictos, el individuo llega a este estado debido a la imposibilidad de elección y se posiciona en una situación estática de propia autodestrucción. Para que el goce tenga la fuerza y la dimensión necesaria, alcance el grado máximo de ofrenda sacrificial, tales sujetos necesitan de expectantes espectadores pasivos que sean conscientes de su aniquilación, es su gran venganza ante el mundo o personas determinadas que ellos perciben como sus opresores, como los responsables de su estado de inmovilidad emocional, física e incluso profesional.
Son personas normalmente orgullosas, incapaces de pedir ayuda que castigan a los demás haciéndoles partícipes pasivos de su sufrimiento y dolor, dolor que siempre es provocado por un actuar injusto de la sociedad, del mundo ante ellos, como pobres seres metidos en un laberinto se perciben encerrados y sin salida, no son capaces del valor necesario para romper con una orientación que les lleva a un círculo malsano de castigo y autocastigo. Suelen ser dominadores y posesivos, en el fondo también se trata de una técnica sutil de manipulación, es una técnica macabra y sutil más propia de torturas orientales donde el concepto de contrarios no está tan claro como en el mundo occidental, el bien y el mal no existen, fluctúan, se manifiestan de forma cíclica, están en perpetuo movimiento, los roles de víctima y verdugo son intercambiables en un ritual de venganza y arrepentimiento por los sentimientos de odio y destrucción sentidos.
El análisis permite perder el goce dañino, sacrificial, la disposición del sujeto a dañarse y dañar a otros; también hace posible perder el pesado manto de los ideales con los que se había velado la verdad de ese goce, y hace caer las imágenes mentirosas con las que el sujeto pretendía ser reconocido por el Otro.
PEPA Roble






