CRISTAL Y ARENA

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¿ Quién sabe cómo se encienden los aceites ?

¿ Quién conoce las albadas y las tardes de la aurora ?

¿ Quién entre luces advierte la continuidad de la especie ?

Camino despacio entre árboles del horizonte

observando limoneros, higueras, pinos y madresselvas.

Tienen todos un color saturado corregido por el matiz

que obliga el entorno.

Todos señalando el dedo que marca la cinta que los ensambla.

Mares corrientes que ennoblecen el paisaje

recurriendo a una sílaba pronunciada en alguna orilla.

Nebulosas ardientes que tras un objetivo afanosamente artístico

se visten con azafranes y tules de fuertes naranjas

creyendo que tras su imagen regresaran en su auxilio

el resto de los sentidos que marquen mediante un alzado

las tres líneas para elevar un cuerpo cónico.

Y en hologramas sinestésicos construir balcones y

recintos donde poder observarse vestidos tras las máscaras

que mejor recoja el objetivo.

Todos sonríen a su cámara, han sacado sus ojos

para que les viglen  si consiguen zalameramente

seducir cuando se cierre el plano.

Y ellos visten de vaquero y ellas de fuertes naranjas

para encontrar en una onda la transmisión necesaria

de miles de antenas que lanzan una señal diseñada por grandes arquitectos

de luz estática.

Nunca hubo tantas estrellas luciendo en el firmamento

sus mejores galas de radiaciones medidas,

montadas en velocímetros de arena, cristal y agrias estampas.

FORMAS LIQUIDAS

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Tiene la piedra formas que regresan al origen

del agua horadando la arena en repetidas cinceladas.

Tras ese rastro de dulces rasgos señala siempre cuál es el camino

que debe seguir la fuerza que la impulsa.

No hay marcas de labios troquelados

ni  luces de carmín que difuminen el ensachamiento de un cauce.

La piedra dura se ondula y se hace elástica cuando el rostro

de su mano pasa húmeda siguiendo siempre la misma corriente.

Si el suelo no fuera de color azul podríamos pensar  que succionados

por un cielo en tecnicolor toda la vida ha sido así.

Zambillirse en el mar como niños que tras un largo

despertar regresan a la inocencia del juego en tardes

de eternos agostos parece la mejor opción

para reanudar la cotidiana y requerida normalidad

de mañanas y tardes originadas por un movimiento

con principio y sin fin.

Seguir la línea de la vida

rememorar alguna mente que, más allá de cúmulos

de arena, permanece impasible ante una idea que no  obtiene

formar figura a pesar de manejar todo el barro

necesario para  estructurar una silueta, dos, mil,

la silueta de la humanidad entera.

La arena cálida transpira la suavidad de su caricia

que llega transformada en eléctricos chasquidos

tras una fría y eterna  corriente de materia fluida.

MJ Blanco