EL ARTE DE LA ROTULACIÓN

El mito de Bond es uno de los más prolijos en la historia del cine. Desde que surgió el famoso agente 007 al servicio de su graciosa majestad hace ya casi 60 años, el personaje ha pasado por diferentes cuerpos y rostros de  actores que encumbran su carrera dando cuerpo al mito. Su nombre James Bond se lo debe a un ornitólogo por el que Fleming tenía especial predilección. Lo eligió con la intención de que fuera lo más general posible y consiguió que se convirtiera en el único. Lo ensalzó a la categoría de mito.

Sin Bond – Sir Bond-  el Martini no tendría el mismo sabor y con él, el doble “0”   adquirió un nuevo sentido. En ese camino hacia el mito se dirigen todos los grandes personajes, pegar el salto de lo individual a lo universal y poder ser un ” 00_” con licencia para fotocopiar. El fenotipo de la humanidad rediseñado, mejorado y con un acabado en acero mortal.

Evoluciones del mito:

 

 

 

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LA ALFOMBRA AZUL DE LA NUEVA REALEZA.

Mientras leo en la tranquilidad y sosiego que produce una buena lectura mi conciencia se activa y siento que tengo que llamar a mi madre; comentarle alguna cosa y que ella me cuente sus vicisitudes con la vecina que la controla las salidas y entradas, lo que el panadero le ha dicho de las últimas noticias del barrio y así dejar transcurrir el tiempo de un sábado tranquilo. Cojo el teléfono, marco y la conversación se anima. Empezamos a hablar de mis cuñadas, tema recurrente pero, no por ello, sumamente interesante. Deambulo por la casa, el inhalámbrico es uno de los grandes inventos permite que la actividad, la acción y el lenguaje se pongan en contacto y la conversación es mucho más fluida. Son las nueve de la noche. Casi no hay tráfico y la gente descansa en sus casas tras una semana de intenso trabajo. El Hiper Asia está cerrando, tienen, aunque resulte increíble, un horario algo más europeo que Los Chinos del barrio que pueden estar abiertos hasta las doce de la noche.

– Tú hermano tiene que hacerse cargo de los níños durante toda la tarde.

– Claro¡ Mamá, ella trabaja hasta las ocho, por mucho que quiera correr antes de las ocho y media no llega a casa.

– Sí, pero podían coger a una persona que les ayudara porque al final él se lo carga todo.

– Bueno, ya sabes… Ratman tiene mucho poder…- De forma instintiva me acerco a la ventana. Ando por una habitacion a oscuras. No sé por qué he ido allí, pero me dirijo directamente a la ventana-. ¡ Hostias ¡ Algo pasa.

-¿ Que…?

– Algo ha pasado, un montón de hombres han salido del callejón y del Hiper Asia y están huyendo. ¡ Joder, cómo corren ¡

-Pero, ¿ qué dices ?

-Que están huyendo, escapan como alma que les lleva el diablo.- Se acerca Luis que tampoco sé que hace en la habitación a oscuras-.

– Los están disparando, la leche. Los persiguen y les están disparando, mira, mira ese, tiene la pistola y los otros se van hacia el parque.

-No, no son disparos parecen más bien petardos.

-Que no, que no, que he visto cómo los disparaban. Lo que ha sonado no eran petardos eran disparos y unos han huido hacia el parque y otros por la calle abajo.

– Pero qué dices, hija.

– Nada, mamá, lo que veo.

El domingo ya habíamos casi olvidado el incidente, después de ver cuatro coches de policía que llegaron a la zona supusimos que el asunto estaba controlado o en vías de solución.
Durante el domingo ya habían advertido los prognósticos meteorológicos que el tiempo iba a cambiar y la temperatura descendería. Sí, no se equivocaron, la temperatura descendió y descendió hasta casi hacerse insoportable el viento que azotaba la cara y clavaba el intenso frío en cada uno de los poros sin cubrir. A pesar de ello, La Plaza de Ópera estaba expectante. ¡ La Gala de los Goya ¡ La albombra roja…La gran alfombra roja española. Todos esperaban sangre. La sangre de la realeza funcionarial de la estupenda ministra Sinde y las miradas de odio que le echaría Alex de la Iglesia, y como invitados de excepción en tal lucha vendría también la espectacular y querida Ministra de Sanidad, Leire Pajín, junto con la Ministra de Economía, Salgado y el Ministro de Industria, Turismo y Comercio. Ministerios que se podríamos encuadrar dentro de la categoría del Totum Revolutum.

Tal concentración de cultura de realezas ministeriales y de nobleza suvencionada ¡ imagínate los negocios que se habrán despachado allí ¡ necesitaba de un fuerte destacamento policial y así era, no había quien se acercara a las inmediaciones del Teatro Real. Bueno…, pensé, todo sea por una buena causa. ¡ Qué guapos todos ¡

Hoy lunes todavía se habla de La Gala de los Goya. Un kilómetro y medio más allá del Hiper Asia se extendió la alfombra roja que por los privilegios que por allí desfilaron bien podrían haberla extendido de color azul. El incidente de los chinos ha pasado a segundo o tercer lugar ante la magnitud de la ceremonia celebrada, mas siempre en estos casos de casualidades sincrónicas hay algún elemento inesperado que hace resurgir la chispa.Y en este caso la chispa se la ha llevado “El Giris”, un joven policía alumno de un amigo mío que en sincronía con el noticiario local estuvo presente en el tiroteo:

– Uno de ellos fue corriendo por el callejón latelal y nosotros con el coche patrulla le cogimos en el parque. Estaba desarmado pero llevaba 2000 euros encima.

-¿ Pero quiénes eran los atracadores?

– Eran chinos, entraron en el Hiper Asia a robar y allí dentro dispararon y en la calle también. ¡ Vamos listos ¡ Es la primera vez que lo veo, pero como los chinos se pongan con las mafias…

THE END

Los derechos de autor de este film sin subvencionar quedan reservados. Gracias a todos por las nominaciones,¡ qué haríamos sin los Goyas¡

María José Blanco

EL SIMBOLO DEL FETICHE

El hombre es un animal simbólico. Es esta propiedad la que lo aleja y lo configura por encima del resto de la especie animal. Aunque algunos animales hayan podido desarrollar esta capacidad en un estadio incipiente no han logrado alcanzar el nivel de abstracción conseguido por el hombre, quedando esa capacidad, únicamente, en la utilización de símbolos motivados.

El lenguaje es el último paso en el desarrollo de esta capacidad, pero aunque el lenguaje es relativamente nuevo dentro de nuestro proceso evolutivo, el cerebro no. El cerebro es muy antiguo y complejo. Aúna contenidos de todos nuestras etapas evolutivas a través de su naturaleza trinitaria. Tres cerebros en uno que interactúan dando sentido a la realidad con un fin único: capacitar a la especie para la supervivencia eligiendo la mejor adaptación al medio.

A través del lenguaje el hombre consigue una representación mental de la realidad, consigue atraparla, hacerla suya y así poder trascenderla. Dar sentido a lo que le rodea.

El fetiche participa de esta capacidad simbólica, es en origen la representación de un deseo, sacar hacia el exterior una emoción, por tanto, está firmemente anclado en nuestro cerebro unido a la comprensión de las emociones.

Las primeras representaciones pictóricas hechas por el hombre son también un fetiche y están relacionadas con el carácter religioso y sagrado, lo numiso. El reflejo, la imagen de un deseo hacía por sí mismo que la imagen mental se convirtiera en realidad y en ese momento la realidad más importante que debía aprehender estaba relacionada con la caza para exorcizar el miedo a perder la vida en el intento, al mismo tiempo que se aseguraba por el efecto mágico del fetiche la posibilidad de encontrarla.

El fetiche sexual aparece con posterioridad porque el orden de las necesidades primordiales para el hombre son en primer lugar la seguridad, luego la manutención y después la procreación. Conseguida cierta estabilidad y asegura la comida mediante el cultivo surge el sentimiento religioso unido a la fecundidad.
Al igual que todas las representaciones artísticas del hombre, el fetiche ha evolucionado y se ha sofisticado. En un primer momento los fetiches sexuales no son representaciones del elemento fálico sino muy al contrario es la representación de los órganos femeninos como símbolos de la creación, una metonimia que representa la parte por el todo.

Las primeras manifestaciones religiosas no estaban dirigidas a la adoración del macho sino a la adoración de la Gran Diosa, Anath, que simbolizaba la nutrición y la abundancia, la maternidad sagrada:

Antes de que el hombre (macho y hembra ) identificara la función primordial del macho dentro de la procreación era la mujer el objeto al que debían adorar porque en ella se concentraba el milagro de la vida. De esta manera surge la imagen mental del deseo sexual unido a un objeto. El deseo se cosifica mediante el fetiche, el objeto-fetiche simboliza esa realidad mental exteriorizada que deben conseguir y lo sacralizan de la misma manera que antes se había sacralizado la caza y el alimento. Tanto hombres como mujeres adoraban a la Gran Diosa a través de una metonimia, las venus prehistóricas, que eran portadoras de protuberantes rasgos de feminidad.
Esto tiene una enorme importancia para la evolución de la psique del ser humano y se puede entender entonces por qué la mirada de la mujer se dirige hacia sí misma. La mujer se autocontempla delante del espejo, adora su propio cuerpo como un objeto delante del espejo, teniendo que aprobarse para luego buscar la aprobación del macho. Al mismo tiempo el macho objetualiza también el cuerpo de la mujer centrando su mirada en partes y no en el conjunto. Necesita fragmentarla para buscar esa imagen ancestral a la que adoraron durante milenios. El culto a la Gran Diosa, a los atributos femeninos, está presente durante toda la prehistoria y parte de la Historia Antigua.

La evolución del fetiche sexual está relacionada con la evolución de la mente en el hombre. Cuando, tanto el macho como la hembra, consiguen relacionar el acto sexual con el nacimiento de la vida y el hombre es consciente de la importancia de su falo para la procreación los términos quedan invertidos. Es evidente que esto no fue inmediato sino que hubo un periodo de transición donde dioses y diosas lucharon por la supremacía.

La mujer pasa, poco a poco, de ser objeto sagrado al que adorar a objeto de segundo grado tras comprender el poder del falo y la relación entre el acto sexual y la vida.

El objeto sagrado ha sufrido una transmutación, una vez entendida la importancia del falo, se convierte éste en el objeto a adorar y la mujer pasa a de ser sagrada, deseada, a se el elemento activo que debe adorar y desear el órgano visible que le falta, el falo. El único miembro del cuerpo que es capaz de elevarse sin mediación de la voluntad. Las diosas desaparecen y los dioses aparecen con fuerza como portadores del miembro sagrado.

Esta es la evolución del fetiche sexual hasta llegar a la actualidad.

La mujer es también fetichista, por supuesto, como animal simbólico que es, pero ella busca el falo porque es lo que la complementa, el órgano que necesita para la creación. En este caso la búsqueda es la correcta pero queda mezclada con la imagen durante milenios sagrada de su propio cuerpo cosificado, objeto de deseo, y entonces se produce una distorsión óptica porque necesita encontrarlo en ella misma cuando está fuera de ella. No es que busque el falo del hombre sino que su propio cuerpo se convierte en un falo a través de elementos simbólicos que lo representan como son las piernas, el pie o en complementos propios de las mujeres, el zapato de tacón.

En el hombre el proceso es el mismo, interiorizada la imagen fragmentada de la mujer, él ahora también adora su falo como portador de la masculinidad, de poder y necesita integrarlo dentro de la imagen femenina como objeto de deseo. El problema puede surgir, en el hombre, cuando la imagen queda reducida únicamente al poder fálico sin buscar el elemento femenino sagrado, pero esto es una confusión porque él no busca el falo, él realmente busca un útero, la copa sagrada, el santo grial donde sangre y cuerpo se unen en busca de la vida:

En este vídeo vemos como el director de Excalibur, John Boorman, intuye perfectamente la naturaleza de la misión del héroe. No refleja guerreros que se preparan para la búsqueda de la contienda, de la guerra, sino flamantes hombres, ataviados con sus mejores galas, montando a caballo y con la lanza en la mano, cabalgando por paradores bucólicos con flores en un campo primaveral.

Y en este otro vemos una combinación perfecta entre musica, movimiento vertiginoso y danza. En esta coreografía queda reflejada la intuición del enlace sagrado que el ritual de la entrega y posesión tiene.

En el equilibrio de los objetos simbólicos es donde se encuentra la armonía, en esa adoración del propio cuerpo como potencial creativo al mismo tiempo que se adora el cuerpo del otro para alcanzar el propósito de la procreación. El deseo pasa primero por un transitar en nuestra propia sexualidad para luego comprender y saltar a la sexualidad del otro. Sin una conformación exacta de nuestra propia sexualidad no podemos reconocer la sexualidad del otro y entenderlo como diferente y complementario.

Este equilibrio puede ser estable, inestable o indiferente y en ello estriban las diferentes orientaciones sexuales que se presentan en el ser humano.

El fetiche podemos decir que pertenece a la propia esencia del ser humano. No es posible erradicar la esencia fetichista del hombre-mujer porque ha demostrado su eficacia dentro de la evolución como catalizador del deseo. Fetiche y función simbólica están íntimamente unidas no pudiendo eliminar a uno sin la otra. Otra cosa es que se produzca un desorden en ese equilibrio, en este lenguaje intuitivo y que sea este desequilibrio lo que haya que reparar.

El desequilibrio no lo genera el fetiche sino la emergencia de la pulsión sin control a través de él. Es entonces cuando podemos ver a mujeres u hombres que se consifican totalmente y que no son capaces de alcanzar el placer sin la realización de prácticas como el bondage donde la pulsión de sumisión presente en la mujer y la de dominio en el hombre pueden llevarse al límite.

La realización de tales prácticas no implica ningún tipo de desorden emocional siempre y cuando sea entendido como un juego y no pase determinados límites, el problema puede surgir si se desboca esa pulsión y sólo se alcanza el placer sexual mediante la inhibicición de la propia voluntad, en la persona que es amordazada o la adquisición del dominio absoluto en aquel que amordaza. Como en todo juego los papeles deben ser intercambiables, unos hacen alguna vez de policía y otros alguna vez de ladrones, empecinarse en un rol extremo lleva a la confusión y a la asunción de dicho rol en todos los papeles sociales y esto sí que es difícil de erradicar.

Toda víctima al final se convierte en verdugo.

Bibliografía:

Mujeres de Egipto y de la Biblia, Jorge Dulitzky, Buenos Aires: Biblos, 2000

María José Blanco

COMPRA PERFECTA

Hace años oí a Tamames decir en la radio , desde su posición de intelectual , economista influyente y creador de opinión, que la gente tenía que olvidarse de que los trabajos fueran fijos, que el trabajador debía adaptarse a un nuevo mundo económico donde se exigía preparación constante y movilidad continua. El ratoncito tenía que aprender a moverse rápido por el laberinto para poder encontrar el quesito, y esto lo decía este “ señor” que tenía su quesazo bien asegurado y no necesitaba moverse para poder encontrarlo. Bien, pensé, los ratoncitos nos moveremos, pero el hombre necesita cierta estabilidad, no puede estar toda la vida con una inestabilidad económica encima ¿ o quizá sí ? ¿Qué pasa si los tenemos a todos moviéndose por el laberinto le damos un poquito de quesito y luego se lo quitamos? Ah¡ Eureka¡ serán los nuevos esclavos del SXXI, si no encuentran el quesito, será culpa suya porque no se han preparado lo suficiente. Sí, sí, lo mejor de todo es culpabilizar. El individuo y sólo él es el responsable de sus circunstancias laborales.
Por ejemplo, los alumnos son rebeldes y no hacen caso porque el profesor no sabe poner disciplina. No señores, no. Los alumnos no hacen caso porque saben que pueden hacer todo tipo de incorrecciones, en cuanto al comportamiento,porque no les pasará nada, o prácticamente nada. Saben que los partes (documentos sancionadores en caso de indisciplina leve, grave o muy grave) , en la mayoría de los casos, se pueden acumular y acumular sin que haya una respuesta contundente por parte del centro, la disciplina en el centro por parte del director y su equipo que son los máximos responsables de la misma, casi nunca es aplicada, y en caso de aplicarse nunca con la contundencia que exige la falta -o acumulación de faltas- cometida.

Y por qué nos es aplicada… Anda¡ a lo mejor es porque si ponemos a trabajar a los directores en lo que realmente tendrían que hacer que es vigilar al alumnado y aplicar las normas, en lugar de perseguir solamente al profesor, a estos ya no les es tan rentable el cargo y no azotarían con el lágito al personal docente que es realmente al que hay que doblegar para que traguen con todo lo que le queramos meter. Además estos profesores son funcionarios, es decir, cagaditos de la mano de dios, de que les pueda caer un expediente y se les acabe el chollo de su vida que un feliz día, gracias a multidiversos factores, les permitió sacar una plaza. No,no,no, lo mejor es formar una cuerpo de directivos, los vigilantes del sistema que bien cebaditos y cuidaditos mantengan a raya a los esclavos de lujo. Además para demostrarles que no son ellos los esclavos creamos el cuerpo de interinos que nunca adquieren derechos, son para todas las putadas como los funcionarios pero para los derechos no. Sí, sí, así les hacemos ver que realmente les cuidamos y mantenemos sus privilegios. Por supuesto los interinos son trabajadores de segunda o tercera porque ellos no han sabido encontrar el quesito adecuadamente, ellos no consiguieron la plaza, ellos no se han preparado lo suficiente. Evidentemente siempre es culpa del individuo, el sistema es perfecto, es el individuo el que ha fallado debe prepararse más y más y más. Su vida debe estar hipotecada por los diferentes vaivenes del mercado.

El sistema es perfecto.
A quien corresponda : Nosotros no somos ellos.
La compra ¿ ha sido perfecta ?

María José Blanco (PEPA Roble o sinfonola)

FETICHE

No tengo voz ni imagen,
solo palabras impresas que me subyugan
y me redimen.
Tenso la cuerda esperando que el cordel
explote, pero el cordel resiste
y tenso un poco más cada vez.
Mi voz no importa, mis ojos no transmiten,
no tengo tacto ni anhelo sentimiento alguno,
perdida en una jaula sin límites
doy vueltas y vueltas para poderme
desatar. Lucho desesperadamente por
entenderme sin perder el norte
y cada imagen , cada idea en mi mente
tiene un referente único.
Pronto acabará la vorágine.
Los hechos fríos, de sangre pétrea
emergen con mayor claridad.
No es posible salvar a quien no quiere cura. Y
yo ya no la deseo.
No es posible entender a quien no comprende.
Metida en un saco inmundo donde toda impudicia
cabe, aceptaré la imagen virtual que me ha sido otorgada,
sin más humanidad ni más relieve que una imagen plana
con mi nombre impreso.
Olvidar es sagrado y sanador,
la tinta corre por mis venas y la sangre de color negro
no espera ya más salvación.
Me quería muerta y aquí me tiene
yacente sobre una lápida fría de la pantalla
de su ordenador. El terror de los cuerpos no es mío,
una muñeca hinchable a la que colocar un coño de
quita y pon… ¿Esto es vida?…

La vida soy yo.

María José Blanco (PEPA Roble)

VIVIR EN CUATRO TIEMPOS

Si hay alguien que piensa que el mundo de voyeurismo obtiene su máxima expresión con la llegada de las últimas tecnologías, con la llegada de internet, se equivoca por completo. Si piensa que la naturaleza voyeurista es propia del género masculino quedando relegado el exhibicionismo para las mujeres, como objeto de deseo, se vuelve a confundir rotundamente. Existen unos seres que encarnan la esencia del voyeurismo en su estado más puro, que convierten el voyeurismo en su única forma de vida social y que comprenden en su más alta concepción filosófica, metafísica y física lo que significa ver sin ser vista.

Estos seres que como fantasmas aparecen, a los ojos del hombre- mujer occidental, casi únicamente en imágenes dentro de un telediario o de algún documental no son otros que las MUJERES CON BURKA. Pocas visiones adquieren tanta fuerza e impresionan tanto como ver a uno de estos entes en persona. Apariciones que reflejan la luz sin emitir. Sólo ellas comprenden los distintos matices que adquieren los modos de ver en su doble naturaleza como mujer- persona, de puertas hacia dentro de sus casas, y como mujer – fantasma, sin rostro ni cuerpo, en la calle.

El Burka es la gran máscara, la máscara total. El manto negro es una señal clara: SEÑAL DE NO SEÑAL. Serás visto y observado pero ninguna información de signo no verbal será emitido por ellas, sólo el Burka habla: NO PUEDES VER, NO DEBES MIRAR. No establecen lazos de unión con el mundo circundante, como bits de información aislada pasean pos las calles sin conexión con el resto del mundo. Ataviadas con sedas y alegres colores tras el ropaje oscuro para ellas el camino hacia la desnudez adquiere un nivel más. Es la vida en cuatro tiempos. Cuatro tiempos encuadrados en diferentes mundos. Cuatro tiempos en una senda de ahondamiento en busca del verdadero yo. Sincronizaciones distintas adaptadas a espacios que se alternan, nunca simultáneos:

Tiempo 1: Vida social, fantasmagórica con el burka.
Tiempo 2: Vida familiar en la casa.
Tiempo 3: Vida ínitima. El Desnudo, la persona vestida con su piel. La sexualidad.
Tiempo 4: Mundo de la desnudez. Sin vestimentas. La mujer sola con sus sentimientos.

A ellas, el resto de la sociedad sólo les queda decir:

HASTA QUE EL BURKA NOS SEPARE.

María José Blanco ( PEPA Roble o sinfonola )

LA CASI VIDA DE PORFIRIO

La noche comienza a evaporarse. Colores tenues luchan por surgir de entre la negrura y las colinas aún no quedan definidas. Sus contornos continuos, borrosos en unión con el horizonte lentamente comienzan a vislumbrarse, el color marrón opaco que las caracteriza se quiere adivinar. Hace un frío intenso que taladra los huesos. Gime el viento y la corriente del río parece hacerse más espesa, el ronroneo del agua necesita calmarse, la vegetación apenas respira y el ritmo cardiaco se ralentiza. Ya todo está dispuesto, preparado para que la escena del amanecer, ritual eterno, comience.

Porfirio siente la emoción en su interior, solo, sentado a la orilla del río espera agazapado a que el milagro se produzca. Disfruta en su rostro de la brisa del río, sabe que tras unos segundos justo un momento antes de que el primer rayo de sol salga, un silencio sólido, una calma densa se apodera de todo el ambiente. La brisa desaparece y una quietud premonitoria le rodea. Todo el bosque parece esperar en trance místico el primer rayo de luz. El tiempo se detine,sentimiento trágico de quien aprecia presente, pasado y futuro en un instante, visión profética… el alma engrandecida. Porfirio comprende que es transportado. Hinchado el pecho respira atropelladamente al tiempo que una fuerza vigorosa invade su esencia… experiencia única… voltaje de 50 gigabytes en el corazón…su cuerpo es sacudido por la intensidad del momento, de pronto, la luz aparece y como un estallido la vida comienza, cientos de trinos se preciptan en su oído. El viento, al instante, revive con más furor y golpea su cara. Porfirio arrebatado constata todas sus neuronas en pleno rendimiento, percibe un intenso cosquilleo que va en aumento según se intensifican los signos de vida de su alrededor. Un placer inaudito e inefable le invade y lágrimas de goce resbalan por su rostro. El arrebato le ha trasladado hasta las nubes. Nubes que son imagen del tiempo, del no tiempo, conciencia de infinito; discierne con una claridad inclemente la exaltación y en comunión completa con la naturaleza confirma que el sentimiento percibido le separa de forma extrema y alarmante del resto de muchachos que han ido a pescar.

Hicieron falta años y un trabajo concienzudo por su parte para acabar con ese lado único de su ser, pero, al fin y al cabo, consiguió lo que todos querían, lo que su madre quería, no separarse del resto, integrarse con la masa, no ser disonante, alcanzar la procacidad y los rasgos del macho-cabrío que imperaban en su entorno, al final consiguió ser como todos, hablar como los demás y tener la misma no sensibilidad que el resto de sus paisanos.
Su naturaleza envidiosa le hacía desear la vulgaridad de la que estaba rodeado y su tendencia mimética hizo el resto, de nada sirvieron los estudios universitaros, Porfirio a los 22 años era engreído, petulante, y poco más que un dios, menor ¡claro¡ Un cerdo más revolcándose en la mediocridad hipócrita como todos los de su entorno.

Porfirio niño sentía por su madre un amor intenso, le encantaba que ella le hicera transformaciones radicales en los pantalones, que surgieran bolsillos en donde antes sólo había tela lisa, rodilleras que le daban una imagen de más rudo, remiendos en la entrepierna que evitaban el desgaste que sus grandes muslos provocaban en la prenda. Era fantástico, cuando su madre decidía renovar el vestuario podía surgir cualquier cosa donde antes sólo había unos simples pantalones o una vulgar camisa, múltiples departamentos para guardar piedras, canicas, mixtos, una navaja para cortar el sedal enredado, para señalar y grabar iniciales en los árboles de la ribera, paquetitos de anzuelos, un pequeño cordel… todo aquello que la imaginación pudiera crear y su habilidad como rastreador conseguir.

Su madre le contaba historias de la familia, las narraba como si se tratara de una leyenda, sus tíos, sus abuelos quedaban dibujados como personajes legendarios. Aquellos viajes a Madrid para curar la enfermedad del abuelo, cómo su tío, el mayor de los hermanos, llevaba maletas vacías que regresaban cargadas de libros para luego ser leídos una y otra vez por el resto de la familia. Todas esas imágenes surcaban su piel. La familia de su madre era creativa, dinámica, esos viajes a la gran ciudad eran recreados en la mente de Porfiro como grandes aventuras que le abrían las puertas de la imaginación y le encaminaban a soñar con grandes andanzas donde él se convertía en héroe y era el portador del mensaje de la etirpe; él continuaría con la labor iniciada por sus tíos, él contiuaría portando maletas cargadas de libros que alimentaran su espíritu en los duros días de invierno, o en las áridas tardes de verano, recuerdos tangibles de un pasado glorioso y de un porvenir brillante.

Porfirio era distinto y su madre también lo sabía, sus dos hijos mayores no se habían separado de la senda marcada por la comunidad, su hijo mayor compaginaba la rudeza del pueblo con el prestigio que lleva implícito una licenciatura de ciencias; era biólogo, un biólogo comprometido y convencido, amante del pueblo y de sus gentes, toda su vida la dio a su gran pasión que era su trabajo, apenas tuvo tiempo de disfrutar de la belleza, de espíritu diametralmente más hosco que Porfirio no entendía esa tendencia a la contemplación y deleite de espíritu que tenía su hermano pequeño, para él la familia y las tradiciones eran el pilar de su persona y durante toda la vida estuvo buscando y alimentando ese sustento, aunque fuera un baluarte quebradizo a pesar de su interés por mantenerlo incólume como una roca inerte.

Su hija era popular en el pueblo, incluso llegó a conseguir el título de miss belleza. Todos estaban orgullosos de ella. Guapa, alegre, simpática, no le faltaban pretendientes. Sus estudios aunque algo menos meritorios que los del mayor eran más que suficientes para una mujer, le permitirían tener un empleo adecuado para una señorita y ser respetada por todos. Sólo Porfirio parecía empeñado en no encajar en el troquel que desde su nacimiento estaba diseñado para él. Por qué no tomaba como modelo a su hermano, trabajador, comprometido, amante de sus gentes y de las tradiciones, o por qué no imitaba a su hermana, popular, encantadora con todos, apreciada y querida por todos los vecinos. No, Porfirio no era admirado, ni envidiado por ninguno. Esto la hería en lo más profundo y no porque quisiera que su hijo fuera la envidia de todos los parientes, ya tenía a sus otros dos hijos que sí lo eran, sino porque ella sabía perfectamente lo que llevaba incluido, añadido, intrínseco como condimento cosustancial el ser diferente en un pueblo. Ella sabía que ese tipo de comportamiento y aficiones que parecían ser las ideales para su hijo sólo le depararían dolor, sufrimiento, rechazos y burlas. Le señalarían como el raro, como el osado mequetrefe que no compartía la única idea válida en la pequeña comunidad, ser más que los demás, ser el más mediocre e hipócrita de todos.

– ¿ Por qué no sales Porfirio? ¿ Qué haces todo el día metido en casa leyendo libros ? ¿ No ves como el resto de los muchachos se han ido todos en pandilla al río ? Vete con ellos a jugar.

A Porfirio le dolía que su madre no entendiera que él no encajaba en ese ambiente, le dolía no ser el espejo donde ella se mirara y orgullosa saliera a la calle sintiendo que era la envidia de todos; movido por los celos y por un resentimiento venenoso hacia sus hermanos decidió un buen día dar a su madre lo que ella quería, la crisálida dejaría de tener autonomía sobre su destino y carente de voluntad propia haría de los deseos de su madre su aliento propio. Comenzó a comportarse según los patrones estándares del lugar, ya nada importaba, la escisión estaba en marcha, comenzó a crearse una careta donde todos vieran reflejados la imagen que querían ver. Rápidamente fueron visibles los resultados, los chavales del pueblo pronto le tuvieron en cuenta y las chicas empezaron a fijarse en él.
Iban al cine todos juntos, poco interesaba la película, el único objeto para tal fin lúdicro y cultural era ser partícipes de una paja comunitaria y compulsiva:

-¿Quién está haciendo ese ruido?- Gritaba Basilio el viejo zopenco acomodador de la sala.- No seais guarros dejad de decir guarrerías y de hacer esos ruidos obscenos.

Basilio bajaba a tientas por entre las butacas del cine del pueblo en busca de los groseros que gritaban palabrotas y decían palabras lascivas.

– ¡Basilio¡ ¡Basilio¡ – voceaban los muchachos – ahí abajo, ahí abajo hay dos que están follando. Mira ahí, ahí, esos que están jadeando. Corre, corre, que se la va a meter, se la está follando.

Todos los chavales reían y participaban de un festejo onanístico cuya excitación consistía en estar al abrigo del anonimato que la oscuridad les proporcionaba y ver cómo el resto de compañeros de la fila, con el falo erguido, se masturbaban acompasadamente. El líquido vital salía de sus púberes miembros manchando el suelo y los asientos. Las manos pegajosas eran saneadas en los respaldos delanteros. La adrenalina y la excitación eran máximas y continuaban masturbándose una vez tras otra durante toda la proyección imaginándose que metían mano a la de la Calle Grande que había ido al cine con su novio. Morreándose con la del panadero que estaba cuatro filas más abajo haciendo una paja al Chuti, el más macarra y ligón del momento, y paseando por sus mentes calenturientas todos los chochos conocidos del lugar.

¡ Qué importaba la película¡ El cine era el lugar pefecto para mostrar el lado oculto, donde todos los impulsos más elementales pudieran abrir la puerta y emerger con toda la fuerza y torbellino de una recién nacida sexualidad virginal. Porfirio sentía una atracción compulsiva por tales actos, al mismo tiempo que un rechazo visceral por la impudicia con que eran realizados.

María José Blanco (PEPA Roble)