TIENDAS DE SEGUNDA MANO

¿ Cómo avanza el universo, la naturaleza y el ser humano ? Con CENSURA de Copyright  es evidente que no, aunque algunos lleven impresos los derechos del Copyright en los genes.

 

Venus de Urbino ( 1538)

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Venus dormida ( Giorgione 1507-1510)

Venus de giorgino

 

 

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LA CASI VIDA DE PORFIRIO

La noche comienza a evaporarse. Colores tenues luchan por surgir de entre la negrura y las colinas aún no quedan definidas. Sus contornos continuos, borrosos en unión con el horizonte lentamente comienzan a vislumbrarse, el color marrón opaco que las caracteriza se quiere adivinar. Hace un frío intenso que taladra los huesos. Gime el viento y la corriente del río parece hacerse más espesa, el ronroneo del agua necesita calmarse, la vegetación apenas respira y el ritmo cardiaco se ralentiza. Ya todo está dispuesto, preparado para que la escena del amanecer, ritual eterno, comience.

Porfirio siente la emoción en su interior, solo, sentado a la orilla del río espera agazapado a que el milagro se produzca. Disfruta en su rostro de la brisa del río, sabe que tras unos segundos justo un momento antes de que el primer rayo de sol salga, un silencio sólido, una calma densa se apodera de todo el ambiente. La brisa desaparece y una quietud premonitoria le rodea. Todo el bosque parece esperar en trance místico el primer rayo de luz. El tiempo se detine,sentimiento trágico de quien aprecia presente, pasado y futuro en un instante, visión profética… el alma engrandecida. Porfirio comprende que es transportado. Hinchado el pecho respira atropelladamente al tiempo que una fuerza vigorosa invade su esencia… experiencia única… voltaje de 50 gigabytes en el corazón…su cuerpo es sacudido por la intensidad del momento, de pronto, la luz aparece y como un estallido la vida comienza, cientos de trinos se preciptan en su oído. El viento, al instante, revive con más furor y golpea su cara. Porfirio arrebatado constata todas sus neuronas en pleno rendimiento, percibe un intenso cosquilleo que va en aumento según se intensifican los signos de vida de su alrededor. Un placer inaudito e inefable le invade y lágrimas de goce resbalan por su rostro. El arrebato le ha trasladado hasta las nubes. Nubes que son imagen del tiempo, del no tiempo, conciencia de infinito; discierne con una claridad inclemente la exaltación y en comunión completa con la naturaleza confirma que el sentimiento percibido le separa de forma extrema y alarmante del resto de muchachos que han ido a pescar.

Hicieron falta años y un trabajo concienzudo por su parte para acabar con ese lado único de su ser, pero, al fin y al cabo, consiguió lo que todos querían, lo que su madre quería, no separarse del resto, integrarse con la masa, no ser disonante, alcanzar la procacidad y los rasgos del macho-cabrío que imperaban en su entorno, al final consiguió ser como todos, hablar como los demás y tener la misma no sensibilidad que el resto de sus paisanos.
Su naturaleza envidiosa le hacía desear la vulgaridad de la que estaba rodeado y su tendencia mimética hizo el resto, de nada sirvieron los estudios universitaros, Porfirio a los 22 años era engreído, petulante, y poco más que un dios, menor ¡claro¡ Un cerdo más revolcándose en la mediocridad hipócrita como todos los de su entorno.

Porfirio niño sentía por su madre un amor intenso, le encantaba que ella le hicera transformaciones radicales en los pantalones, que surgieran bolsillos en donde antes sólo había tela lisa, rodilleras que le daban una imagen de más rudo, remiendos en la entrepierna que evitaban el desgaste que sus grandes muslos provocaban en la prenda. Era fantástico, cuando su madre decidía renovar el vestuario podía surgir cualquier cosa donde antes sólo había unos simples pantalones o una vulgar camisa, múltiples departamentos para guardar piedras, canicas, mixtos, una navaja para cortar el sedal enredado, para señalar y grabar iniciales en los árboles de la ribera, paquetitos de anzuelos, un pequeño cordel… todo aquello que la imaginación pudiera crear y su habilidad como rastreador conseguir.

Su madre le contaba historias de la familia, las narraba como si se tratara de una leyenda, sus tíos, sus abuelos quedaban dibujados como personajes legendarios. Aquellos viajes a Madrid para curar la enfermedad del abuelo, cómo su tío, el mayor de los hermanos, llevaba maletas vacías que regresaban cargadas de libros para luego ser leídos una y otra vez por el resto de la familia. Todas esas imágenes surcaban su piel. La familia de su madre era creativa, dinámica, esos viajes a la gran ciudad eran recreados en la mente de Porfiro como grandes aventuras que le abrían las puertas de la imaginación y le encaminaban a soñar con grandes andanzas donde él se convertía en héroe y era el portador del mensaje de la etirpe; él continuaría con la labor iniciada por sus tíos, él contiuaría portando maletas cargadas de libros que alimentaran su espíritu en los duros días de invierno, o en las áridas tardes de verano, recuerdos tangibles de un pasado glorioso y de un porvenir brillante.

Porfirio era distinto y su madre también lo sabía, sus dos hijos mayores no se habían separado de la senda marcada por la comunidad, su hijo mayor compaginaba la rudeza del pueblo con el prestigio que lleva implícito una licenciatura de ciencias; era biólogo, un biólogo comprometido y convencido, amante del pueblo y de sus gentes, toda su vida la dio a su gran pasión que era su trabajo, apenas tuvo tiempo de disfrutar de la belleza, de espíritu diametralmente más hosco que Porfirio no entendía esa tendencia a la contemplación y deleite de espíritu que tenía su hermano pequeño, para él la familia y las tradiciones eran el pilar de su persona y durante toda la vida estuvo buscando y alimentando ese sustento, aunque fuera un baluarte quebradizo a pesar de su interés por mantenerlo incólume como una roca inerte.

Su hija era popular en el pueblo, incluso llegó a conseguir el título de miss belleza. Todos estaban orgullosos de ella. Guapa, alegre, simpática, no le faltaban pretendientes. Sus estudios aunque algo menos meritorios que los del mayor eran más que suficientes para una mujer, le permitirían tener un empleo adecuado para una señorita y ser respetada por todos. Sólo Porfirio parecía empeñado en no encajar en el troquel que desde su nacimiento estaba diseñado para él. Por qué no tomaba como modelo a su hermano, trabajador, comprometido, amante de sus gentes y de las tradiciones, o por qué no imitaba a su hermana, popular, encantadora con todos, apreciada y querida por todos los vecinos. No, Porfirio no era admirado, ni envidiado por ninguno. Esto la hería en lo más profundo y no porque quisiera que su hijo fuera la envidia de todos los parientes, ya tenía a sus otros dos hijos que sí lo eran, sino porque ella sabía perfectamente lo que llevaba incluido, añadido, intrínseco como condimento cosustancial el ser diferente en un pueblo. Ella sabía que ese tipo de comportamiento y aficiones que parecían ser las ideales para su hijo sólo le depararían dolor, sufrimiento, rechazos y burlas. Le señalarían como el raro, como el osado mequetrefe que no compartía la única idea válida en la pequeña comunidad, ser más que los demás, ser el más mediocre e hipócrita de todos.

– ¿ Por qué no sales Porfirio? ¿ Qué haces todo el día metido en casa leyendo libros ? ¿ No ves como el resto de los muchachos se han ido todos en pandilla al río ? Vete con ellos a jugar.

A Porfirio le dolía que su madre no entendiera que él no encajaba en ese ambiente, le dolía no ser el espejo donde ella se mirara y orgullosa saliera a la calle sintiendo que era la envidia de todos; movido por los celos y por un resentimiento venenoso hacia sus hermanos decidió un buen día dar a su madre lo que ella quería, la crisálida dejaría de tener autonomía sobre su destino y carente de voluntad propia haría de los deseos de su madre su aliento propio. Comenzó a comportarse según los patrones estándares del lugar, ya nada importaba, la escisión estaba en marcha, comenzó a crearse una careta donde todos vieran reflejados la imagen que querían ver. Rápidamente fueron visibles los resultados, los chavales del pueblo pronto le tuvieron en cuenta y las chicas empezaron a fijarse en él.
Iban al cine todos juntos, poco interesaba la película, el único objeto para tal fin lúdicro y cultural era ser partícipes de una paja comunitaria y compulsiva:

-¿Quién está haciendo ese ruido?- Gritaba Basilio el viejo zopenco acomodador de la sala.- No seais guarros dejad de decir guarrerías y de hacer esos ruidos obscenos.

Basilio bajaba a tientas por entre las butacas del cine del pueblo en busca de los groseros que gritaban palabrotas y decían palabras lascivas.

– ¡Basilio¡ ¡Basilio¡ – voceaban los muchachos – ahí abajo, ahí abajo hay dos que están follando. Mira ahí, ahí, esos que están jadeando. Corre, corre, que se la va a meter, se la está follando.

Todos los chavales reían y participaban de un festejo onanístico cuya excitación consistía en estar al abrigo del anonimato que la oscuridad les proporcionaba y ver cómo el resto de compañeros de la fila, con el falo erguido, se masturbaban acompasadamente. El líquido vital salía de sus púberes miembros manchando el suelo y los asientos. Las manos pegajosas eran saneadas en los respaldos delanteros. La adrenalina y la excitación eran máximas y continuaban masturbándose una vez tras otra durante toda la proyección imaginándose que metían mano a la de la Calle Grande que había ido al cine con su novio. Morreándose con la del panadero que estaba cuatro filas más abajo haciendo una paja al Chuti, el más macarra y ligón del momento, y paseando por sus mentes calenturientas todos los chochos conocidos del lugar.

¡ Qué importaba la película¡ El cine era el lugar pefecto para mostrar el lado oculto, donde todos los impulsos más elementales pudieran abrir la puerta y emerger con toda la fuerza y torbellino de una recién nacida sexualidad virginal. Porfirio sentía una atracción compulsiva por tales actos, al mismo tiempo que un rechazo visceral por la impudicia con que eran realizados.

María José Blanco (PEPA Roble)

PATIO ANDALUZ S.XXI

MUTA D´ACCENTO

Por si hay alguien que la conoce diré que se trata de ” La donna é mobile “, aria famosa donde las haya. La frivolidad, el temperamento cambiante de la mujer queda exactamente marcado con el símil “como piuma al vento”. No vamos a quitar el mérito musical a Verdi pero, más allá de los tópicos, es evidente que se trata de eso, un tópico, topicazo… ¡ Ojalá la mujer fuera mobile¡ Más de uno sabría lo que es bueno y seguro que con absoluto merecimiento. Pero no nos pongamos dramáticos, sigamos viviendo en el mundo de la evanescencia, es mejor no querer entender que ver un espejo donde se refleje el verdadero rostro y admitir en qué consiste tal fenómeno:

“¡Siempre es mísero quien en ella confía,
quien le entrega, incauto el corazón!”

LA DONNA É MOBILE  CUAL  CAPELLI AL VENTO.

PEPA Roble.

LAS CORRIENTES DEL TÍBET

LOS LUPANARES DEL TIBER.

La leyenda cuenta que Rómulo y Remo fueron los fundadores de la ciudad de Roma, ya todos sabemos que fueron abandonados en el río Tíber y recogidos por una loba que les amamantó durante un tiempo. Nadie duda de que el relato se trata de un mito donde se mezclan elementos alegóricos con elementos reales, pero lo que es curioso averiguar es que la práctica del abandono de niños en el río Tíber era normal en Roma y además estaba permitido.

El poder omnímodo del pater de familia dentro de la sociedad romana hacía que éste tuviera la potestad de decidir sobre el futuro de un recién nacido. No había ninguna obligación moral ni legal de tener un bebe engendrado ni de mantenerlo una vez dado a la vida. Cuando nacía un niño éste se le ponía a los pies del padre que tenía unos días para acogerlo dentro de la familia o rechazarlo decidiendo así su abandono. Si el hijo era rechazado la madre debía (obligación) abandonarlo y tenía tres posibilidades legales para tal fin:

1- Mediante la Expositio: el niño era abandonado en la puerta de la casa para que fuera recogido por alguien que con toda probabilidad le amputaría algún miembro para dedicarle a la mendicidad o bien eran destinados a la prostitución.

2- Abandonarlo en la columna lactaria, símbolo de la piedad materna, donde unas nodrizas nombradas por el estado se encargarían de amamantarlo y luego acabarían prostituidos o esclavizados aunque de esta manera se salvarían de la muerte.

3- Y por último podían ser arrojados en una cesta al río Tíber donde cabía la posibilidad de que fueran encontrados por algún campesino que tuviera compasión de ellos y los criara, o quizá tomados por una loba (  palabra polisémica en latín) que a pesar de su condición animal e irracional tendría, sorprendentemente, más humanidad y los podría amamantar.

 Es curioso, por tanto, comprobar cómo la legalidad de los actos no exime de la catadura moral a quien los aplica. El verdugo en los países con pena de muerte es absolutamente legal pero no creo que nadie pueda considerar la profesionalidad del crimen como un acto moral, claro que seguramente me confundiré al pensar que nadie pueda considerar tal práctica como moral.

La venganza siempre confunde moralidad con necesidad.

 PEPA Roble

HOMENAJE A ED WOOD

 

Micro-relato cruel: “LA PIEDAD” o “GUÁRDATE DE LOS IDUS DE MARZO”

 En este disloque y circunstancia se me ha otorgado butaca de patio para presenciar hasta el final cómo braceas semiahogado en ese mar embravecido que has creado tú mismo. ¿Debería sentir compasión? ¿ O piedad, al ver tus equivocaciones, tu desatino desesperado? Sigues eligiendo tozudamente el camino confundido, perseverando en tus errores producto sin duda de la basura que te dan a comer en casa y que tú eres incapaz de apartar de ti. Te aproximas al abismo y crees que lo sorteas hábilmente – golpeando el primero – pensando que así no caes, pero es sólo un espejismo porque caes, caes, caes. Casi todos te conocen ya, hasta las niñas más lelas, esas hipócritas que con espíritu prematuramente ajado saben manipularte hábilmente y que con crueldad se ríen de ti a tus espaldas, ridiculizándote públicamente, mientras tú te ensañas con otros, nunca con ellas. ¿Debería sentir piedad ante tu debilidad, ante tu terrible necesidad de afecto, ante esta obscenidad en la que participas y que se comenta hace tanto? Simplemente me dispongo a presenciar en silencio este lamentable devenir como en una larga película de serie B. Me arrellano en el sillón de mi Kinépolis particular con 20 kilos de palomitas a mi lado. Tengo para rato y la veré hasta el final aunque termine comatosa por ingesta de chuches. Soy capaz. ¡A tu salud!

María Soledad Sánchez Gómez (tomado de su página ” reflejos en espejo convexo” )

www.obstinados.wordpress.com

LA “TE PURA” O DANZA POLINÉSICA DEL LENGUAJE

[…]Todos tenemos la experiencia que más atrás relataba, existen dos maneras de oir algo: una es a través de los filtros del pensamiento y otra la mirada ingenua de un niño que aun no ha codificado la realidad y carece por tanto de una estructura que haga de dique entre su percepcion y la misma. El resultado de esta forma de mirar (o de escuchar) es el asombro, a veces, la perplejidad en otras. ¿No es precisamente eso lo que les sucede a los esquizofrénicos? Ellos oyen sus propios pensamientos, o les rebotan en forma de eco, o los sienten como impuestos o que alguien se los está robando, es como si todo en ellos careciera de esa conciencia que ilumina, ese trasfondo que engloba y encuadra toda percepción, es como si ellos solo fueran cuerpo. Un cuerpo sin horizontes, sin trasfondo …

Es por eso que existen profesionales de la escucha pues no todo el mundo tiene adiestrada esta facultad, la mayor parte de la gente solo quiere hablar (aunque no tengan nada que decir) y muy pocos son los que prefieren escuchar a hablar, pero aun en esta franca minoria de personas hay pocos que sepan escuchar en su dimensión mas dura: pues escuchar en realidad es oir sin pensar y sobre todo oir desde la ingenuidad no desde un sistema de creencias en donde encajar lo que el interlocutor nos dice. Es eso precisamente lo que hacen muchos profesionales sin seguir aquella máxima inventada por Freud y reformulada por Bion, en aquella famosa (y hermosa) frase de “escuchar sin tiempo y sin deseo”.

Todos operamos asi en nuestra vida privada, es decir oímos a nuestro interlocutor pero no le escuchamos. Si lo hiciéramos caeríamos en la cuenta de que nuestros pensamientos, nuestras hipótesis, nuestra formación o nuestros condicionamientos nos impiden escuchar realmente al otro y caeríamos además en la cuenta de que nuestra conciencia se encuentra permanentemente atravesada por nubarrones de todo tipo, es muy difícil despejar todos esos intrusos que pueblan nuestra mente, hace falta un entrenamiento que conocemos con el nombre de “presencia plena” o mindfulness.

Con este entrenamiento somos capaces de -al profundizar en su práctica- controlar el flujo de los subproductos de nuestra mente, y lo hacemos a través de nuestra propia mente, de su recursividad. Precisamente porque nuestra mente es recursiva (puede referirse a sí misma y puede autoobservarse) podemos planear en ese cielo despejando pensamientos y nubes. En realidad todos estos subproductos de la mente sólo aparecen porque somos muy distraídos por naturaleza y tenemos un enorme tendencia a distraernos mirando el panorama. De lo que se trata es de impedir de que los árboles no nos dejen ver el bosque.

Pero el bosque y los árboles son la misma cosa o al menos se encuentran acoplados del mismo modo que las abejas y las flores lo están tal y como comenté en este post. Es verdad que el bosque no es sólo una población de árboles sino algo más con su propio microclima, su fauna y su flora, su humedad y sus constantes biológicas, el bosque es un nicho ecológico, una emergencia de los árboles que ni existe ni no existe, es como la mente de los árboles. El bosque no podría existir sin los árboles pero los árboles pueden existir sin ser bosque.

Eso les sucede a los pensamientos de los esquizofrénicos, son como árboles sin bosque y esa es la idea que quiero reiterar aqui, no necesitamos creer que existe una trascendencia del bosque o una conciencia cósmica de los bosques para explicar su existencia real, porque el bosque es algo más que una idea sin dejar de ser una abstracción, una palabra de seis letras que no podemos despejar diciendo que no existe (pues todos tenemos una representación mental de qué cosa es un bosque) sin embargo el bosque no existe del mismo modo que el árbol, se trata de dos planos diferentes de la palabra “existir”.

Neurociencia y neurocultura.