AGUA DE LLUVIA

Sería sencillo en su rincón

si tuviera agua de lluvia sobre

la que poder nadar. Si vistiera

trajes de mil rayas por las que poder

ver entre línea y línea

la madera

con la que tallara las ideas  inconexas que parecen

realidad.

 

Sería feliz si su orgullo no le impidiera

poder desnudar tanta

inmundicia  que surca las marcas de su edad profundas.

 

Sería distinto tras un cristal sin puertas

donde limpiase el rastro de un pasado sin

gloria.

Un pasado arrastrado como el estiercol

de un corral que corroe cualquier destello de

verdad, que en su mundo,

en el nuestro, con ahínco,

como héroe sin destino o indígena sin tabúes

él quiere, ansia y desea.

 

Sería feliz, sin más, si un día con luz

contemplara su sombra en el espejo

y ante tanta fealdad poder admitir: sí, este,

este soy yo con el estiercol, con la mierda, la

metralla, inundado, maltrecho, acojonado,

mas alegre y feliz. El hollín ya no quema,

ya no mancha, ya sólo es estela de cenizas, partículas de

nada que han dejado de existir sobre mi única e intransitable soledad.

María José Blanco

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A TIENTAS…

Escribo una palabra, primero un verbo, luego un sustantivo, después un artículo, me paro, pienso y sigo, ya tengo un verso, casi una estrofa, le añado un par de adjetivos, un pronombre, una preposición…, sí, así va bien, otro adjetivo más y ya está, ya lo tengo…, termino.

Escribo así, sin mucha planificación, a lo más una idea, una línea, un verso que, como una alfombra persa, se va desenrollando…, sé que no es el mejor sistema, que no es el más elaborado ni el más científico, ni siquiera el más fructífero, pero que le voy a hacer, yo soy desordenado y es el mío. A veces escribo poco, a veces (pocas) mucho…, y no lo puedo evitar, pero es que no siempre tengo buenas ideas, no siempre las palabras encajan unas con otras, son testarudas y se pelean entre ellas, se enfrentan o, simplemente, se dan la espalda. Y así me pasa, demasiadas veces me quedan unos versos a la espera de un final o, incluso, lo que es peor, de un principio.

A veces guardo versos en un bolsillo, versos sueltos que no encuentran compañía, así me ocurrió con uno que fue conmigo, cambiando de bolsillo en bolsillo, de la chaqueta al pantalón y del pantalón al abrigo, durante cerca de dos años…, el verso en cuestión, era bueno, o al menos así lo creo hoy y así me lo parecía, el poema final, quizás no tanto…, pero es que llega un momento en que esos vesos pesan, se convierten en una losa, los oyes recitarse a sí mismos lastimosamente, solitarios, y sólo te quedan dos opciones, o “suicidarlos”, o darles compañía…, y claro, no siempre es la mejor compañía.

Aquel verso demandaba un poema romántico y yo, por aquellos días, andaba en una de esas fases melancólicas que me enganchan…, y no, no salía…, eran aún días de papel y de bolígrafo, y a base de tachar, emborronar, arrugar y encestar triples y dobles en papeleras, no encontraba el camino.

En fin, y todo esto para decir, que hoy, aun sin papeleras, en una de esas me encuentro.

Paco Ortiz.

El espejismo es una ilusión óptica y así de esta manera, tan fría, pero al mismo tiempo exacta y veraz, podríamos definir todas las palabras dentro de un poema. Pobre del que creyendo que hay algo más que distorsiones visuales producidas por la reverberación de temperaturas mentales elevadas se adentra en el desierto en busca de la ilusión. ¡Pobre¡ Yo lo hice, no hace mucho, creí en la imagen y en la metáfora y aún ando perdida buscando algún rastro en la arena que me indique cuál es el camino, hacia dónde, no sé quizá la solución sea vivir como un beduino, errante, soportando las tormentas de arena, el escozor en los ojos, la cegazón del alma, y andar A Tientas… superviviente del gran monstruo devorador de la mentira.
Terrorismo emocional.

PEPA Roble.