AZUL

Azul

Óleo sobre lienzo de 70 x 90

María José Blanco Rebollo

EL ARTE Y LA CUARTA DIMENSIÓN.

Esta Semana Santa, mientras esperaba a que saliera una de las numerosas procesiones que forman parte de mi constructo cultural y emocional más allá de las cuestiones de fe, o quizá plenamente enraizada con la fe en una búsqueda metafísica de la belleza, de todo aquello que tenga la capacidad de estremecer mediante una puesta en escena muy cuidada determinada por los reglas que configuran el rito, decidí sentarse en las escalerillas de una plazuela inundada de sol y el sonido del agua que corría en una fuentecilla de espaldas a mí. A mi lado había un maletín con seis bolos de plástico, un juguete infantil que en un principio no vi acuciada por el cansancio de la espera y el deseo de reposar un rato. Rápidamente aparecieron dos niñas mellizas que me miraron con recelo abrazando el tesoro que creían podía estar en peligro ya que yo había violado la distancia de seguridad que ellas habían dispuesto para tal objeto que era pieza básica para el juego en el que estaban sumidas.

Una de ellas abraza el maletín al mismo tiempo que me lanza una mirada que me decía “esto es nuestro” y sin hablar yo la miro también, le dirijo una mirada consoladora de asentimiento, comprendiendo su mensaje y aceptando que el juego podía continuar porque yo no iba a suponer una molestia. De esta manera las niñas continúan el juego, imaginan que están en la escuela y al mismo tiempo mezclan la escena con lo que está sucediendo en ese momento. Comienzan a jugar a mi alrededor, han decidido incluirme dentro de su mundo real imaginario y se sientan a mi lado con su continuo parloteo. Yo las observo y una de ellas me dice:

-Somos fantasmas.
-¡ Vaya sois fantasmas ¡ Y cómo os llamáis.
-Yo me llamo Sofía.
-Y yo me llamo Beatriz.
-Somos fantasmas y estamos en la escuela. Atención la maestra ha dicho que es la hora del relax.
Las niñas colocan sus cabezas sobre sus brazos reposados en el suelo y figuran que están en el periodo de relajamiento que les había mandado la maestra imaginaria.
-Ya es hora de la merendilla.
-Ah, sí la marendilla, nuestra deliciosa merendilla- Abren el maletin y se disponen a simular que comen los bolos de plástico. Como ya soy parte de su imaginario comparten un bolo conmigo y me dicen que es de fresa, acotan perfectamente su mundo ilusorio, son ellas las que crean y yo sólo participo de forma pasiva.
-Así que sois fantasmas- les comento yo-
-Sí, sí somos auténticos fantasmas. Mira toca, toca- Sofía se pone a mi lado indicándome que le toque el brazo derecho que demostrará su verdadera existencia fantasmal.
-OH¡ S,í verdaderamente sois fantasmas no os puedo tocar.
Mientras les digo esto toco su brazo izquierdo haciendo presión sobre él. Los ojos de Sofía se iluminan, sonríe pícaramente y establezco con ella un lazo de complicidad pues comprendiendo su absoluta materialidad he entrado a participar y aceptar su naturaleza inmaterial, al fin y al cabo estamos sumergidas en unas coordenadas espacio-temporales diferentes al resto de personas que nos rodean y que no participan de la Demo virtual como nosotras, nos pueden ver pero no comprender porque el espacio que habitamos aunque contiguo es muy distinto.

Entonces pienso en el juego y en la importancia que tiene para los humanos por ser el canal de aprendizaje para poder comprender en su totalidad el mundo que nos rodea. El artista sería un adulto que nunca abandona el juego para entablar con él una relación muy especial que le permita transmitir su concepción del mundo a través de imágenes visuales, verbales o acústicas. Establece con el espectador la misma relación que se creó entre Beatriz, Sofía y yo, una relación de complicidad haciéndole partícipe de un estado de conciencia propia que comunica a través de un sistema simbólico complejo donde las relaciones semánticas se amplifican porque pone en contacto dos subjetividades la del autor y la del espectador, todo un mundo enriquecido que asegura la simulación, la posibilidad de traspasar la línea del mundo tridimensional a una cuarta dimensión donde la lógica se combina en un contínuum indisoluble con la irracionalidad, las coordenadas espacio-temporales se rompen y se entra en un cuadro de múltiples colores unos dados por el artista y otros aportados por el que la comtepla, una visión recíproca hacia los mundos interiores y compartidos.

ÉL PARTIDO EN DOS TIEMPOS:

¿ Qué necesidad tenía Miguel Angel de copiar la cabeza del Apolo de Belvedere y colocárselo a un cuerpo que le resulta desproporcionado copiado al mismo tiempo de una escultura griega ? ¿ Es que Miguel Angel después de pintar todo el techo de la Capilla Sixtina, no era capaz de imaginar un rostro y un cuerpo sin necesidad de tomar dos modelos que podían ser rápidamente identificados ? Nuevos dioses con costumbres antiguas. Igual que la costumbre romana de colocar cabezas diferentes al mismo cuerpo de estatua para poder reciclarla.

Miguel Angel Buonarroti juega con el espectador, no le basta con reflejar su versión de la Apocalipsis sino que le deja pistas, señales en distintos lugares para transmitir mensajes paralelos que le permita escapar del encorsetamiento al que se somete por realizar una pintura por encargo. Su genio y su carácter sale por todas partes, como queriéndonos decir: Una cosa es lo que me mandan pintar y otra muy distinta lo que yo voy a decir. Nos transmite su pensamiento a través de las visiones de San Juan. Su conciencia a través de un juego intelectual de verdadero virtuosismo arquitectónico.

Esa es la chispa y la genialidad del arte, nada es lo que parece todo depende del cristal del ojo que mira.

María José Blanco.

COMUNIÓN: LEY DE CLAUSURA

Meditar, ¿ aquello era una necesidad de meditacion ? Por más vueltas que le daba aquello sólo tenía una respuesta y una versión. Se podía entender únicamente desde la fe, pero aquella ceremonia tenía un propósito más complejo por mucha santidad que se le quisiera echar encima.
Al principio no había entendido a la familia, pero ahora con el cuadro completo y toda la paleta de colores puesta sobre el lienzo no sólo los comprendía sino que los compadecía porque eso era imparable. Él era imparable.

– La fe mueve montañas.
– Sí, eso ha debido de ser que mueve montañas.

Montañas de deseos carnales, tan carnales como la subida al Monte Sinaí cada año por el grupo de jóvenes que el padre convocaba para pregrinar hacia los lugares santos. Inés pertenecía a ese grupo de jóvenes que con el alma despierta y dirigidos por el comandante carmelita se lanzaba a buscar el calor y la buena disposición de los lugareños que les daban comida y alojamiento en ese itinerario diseñado como la búsqueda de la verdad. Verdades tiene el hombre y sólo dios las conoce, se decía Inés mientras, arrobada por la luz y fuerza que emergían de ese hombre delgado, enjuto, seguía sus pasos sin pensar nada que no fuera dirigido por el gran líder. Era tanta su admiración, era tanta su devoción que al mirarle quedaba prendada por el otro lado de su mirada, porque él no dirigía la vista, él penetraba con un haz de luz que directamente se alojaba en su interior con más fuerza que diez misiles proyectados hacia su alma.

– Esta tarde estoy invitada a una boda. Iré con mis compañeros de trabajo.
– ¿Esta tarde? ¿A una boda?
– Sí, si quieres puedes venir.
– Pero ¿qué dices? ¿ Cómo voy a ir a una boda si no conozco a nadie?
– Se casa Inés y la pobre va a estar muy sola, su familia no quiere asistir. Los más cercanos a ella somos nosotros, no
podemos fallarla. La jueza ha intentado convencerla pero su decisión es firme.

Inés se casaba y era el deseo más hermoso y la acción más importante que iba a realizar en su vida. Su matrimonio no era de este mundo, el amado no la poseería carnalmente porque lo más preciado de Inés era inmaterial. Una bondad infinita hacia sí misma y hacia esa abstracción que alojada en su mente se configuraba como el más inalcanzable de los objetos y el más brillante de los tesoros. Inés se casaba con Dios. Inés se casaba con él. Para siempre en cuerpo y alma se convertiría en su esposa y entraría a formar parte de un exangüe grupo de monjas de clausura que en mitad de la ciudad cuidaban con sus rezos de las almas sufrientes de aquellos que no habían comprendido la verdad y se dejaban la piel de sus botas en un trajín inútil de sobrevivir cada día en la feroz batalla de ganar un sueldo para final de mes.

– ¡ Qué suerte¡ Inés ha sido la más lista. El juzgado es una locura últimamente, al final vamos a acabar todos enfermos, no hay quien pueda con tanta presión.
– Bueno, ella también tiene sus problemas. En la carta dice que la providencia la ha ayudado para poder hacerse el vestido de boda. La verdad es que está contenta y se la ve feliz.
– ¿ Verla ?
– Sí, es verdad. Verla ya no la veréis nunca más ¡ Qué fuerte ¡

Un foso entre penumbras con rejas a ambos lados separa el mundo de los ángeles del mundo de los mortales. Como el Ángel de la Anunciación, así la había definido él en la homilía. Un enviado de Dios con el alma más pura y bella que había visto hasta ese momento. Sólo un ángel así podía encerrarse de por vida para poder mirarle directamente a la ojos sin que nada la perturbara, con su mente puesta en el anhelo de su presencia. Cada día esperaba la misericordia de obtener su perdón y en la comunión, el rito que él más demoraba y se complacía en celebrar, alcanzar el cuerpo.
Él era su confesor. Él la visitaría, en gracia divina, todos los días.
Cinco minutos. La vida es eterna en cinco minutos.

María José Blanco

MORDER LA TIERRA

En la puerta,
aquí estamos los portadores del fuego
fumo,
el humo del escape del autobús
borra mi visión,
toso y los ojos me lloran.
Una señora con olor a laca
me mira
alguna minúscula partícula
olfativa de mi cigarro
ha llegado hasta su pituitaria refinada
relimpia.
El motor de la kawasaki atruena
mis oidos.
Humo, humo a raudales
para puntos limpios, relimpios.
¿Tiene fuego? No, no fumo.
Tanto esfuerzo de Prometeo, en balde,
desposeído el hombre del fuego
¿qué le queda? Tierra para morderla.
En la puerta,
me gustan las puertas. Aquí quiero fumar
a solas.
Una sola de mis inhalaciones contiene más poesía
que mil puntos limpios de la ciudad.

En la puerta,
que me dejen en la puerta,
con el fuego, yo decido cuándo entrar,
si me dejan.

María José Blanco ( PEPA Roble)

YESTERDAY’S DREAMS – VETTRIANO

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Vettriano

El mundo sugerente de Vettriano.

Es un mundo de los sueños donde en varios escenarios, esforzados por escenas de viejas películas, novelas o sus propios recuerdos, suceden los dramas inmemoriales de las mujeres y de los hombres. El artista solamente pone la escena ante nuestros ojos: para animar a los personajes nosotros mismos tenemos que escribir la historia…

HALCONES DE LA NOCHE

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Edward HOPPER

 

Su producción artística es relativamente pequeña, ya que fue un pintor de ejecución lenta y pausada. En un primer momento se relacionó con la denominada American Scene, un grupo heterogéneo de artistas que compartían un mismo interés por los temas propios de América, pero pronto Hopper desarrolló su personal estilo pictórico. Su carácter taciturno y sus formas austeras, tuvieron un fuerte reflejo en su obra, que se caracteriza en su conjunto por la simplificada representación de la realidad y por la perfecta captación de la soledad del hombre contemporáneo. A través de su pintura nos acercamos a la América de la Gran Depresión, que para él simbolizaba la crisis de la vida moderna.El tratamiento cinematográfico de las escenas y el personal empleo de la luz son los principales elementos diferenciadores de su pintura. Aunque pintó algunos paisajes y escenas al aire libre, la mayoría de sus temas pictóricos representan lugares públicos, como bares, moteles, hoteles, estaciones, trenes, prácticamente vacíos para subrayar la soledad del personaje representado. Por otra parte, Hopper acentúa el efecto dramático a través de los fuertes contrastes de luces y sombras.
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