TIERNA HIERBA

Si aparezco tras las pantallas cubiertas

no corras las cortinas que reflejan el azufre.

Recibirás toda la luz que nos inunda.

 

Colgaré los hábitos de tela áspera,

sin forma ni costuras sobre tu espalda

erguida y tras un soplo de helado suspiro

correrán tus tibias manos  de olor a niebla

sobre los montes de olivos  arrancando

de la tierra el agua que siempre estuvo dormida.

 

Si regreso habrá rastro del camino.

Tras las puertas nunca hay perchas

en los que colgar oraciones penitentes

de bocas mudas, cinceladas sin el mármol.

 

 

El regreso tiene el límite del olvido con

cadenas de herrumbe impías y

letras impresas en colores con tu firma

recogidas en telas de organdil

con el que decorar salones al gusto

más propio de otros títulos:

“A la eterna poseía”.

 

Tu ceniza mojada de escarcha suena.

Hablando una new-lengua con recortes

apresuras una imagen

de vestales eternas que retumban en tu piel

a golpe seco bajo el costado tras la ingle .

El regreso tiene tintes de melaza,

tierna hierba que aún no brota tras la pisada.

 

MJ Blanco

White Noise

Defina el paisaje. En las sombras

recordará la figura y la precisión

de la pintura. Señalará la orientación

por donde sujetar las bridas de numerosos ensayos

arbitrados por ondulaciones variables en un paisaje esférico.

La punta de flecha dejará de apuntar

las líneas perpendiculares y en ese momento

el final de la curva que señala una espalda

gemirá el abandono agotador tras una partida.

 

 

Defina un rostro, un punto, una línea.

El dedo que recorre cada vértebra

descargando con presión toda la fuerza acumulada.

La mano enrojecida que sacude el sudar

de interminables ejercicios reconciliadores y doctrinales.

El oído enmudecido de la voz tras la vigilia

por la alcoba regada de células liberadas tras el líquido

en la inseminación.

 

Defina la no forma. Defina el calor de la humedad

instalada en la piel tras la vendimia.

Todo licor tiene un color diferente en pequeñas dosis

y el tuyo es más dulce, más dulce aún. Si te pudiera

abrir, amor, te amaría  abierta en arco

desde un  tiempo fractal hacia la perpetua recursividad.

 

MJ. Blanco

LOOPING

Recibo la amargura de la triste
ausencia del amado más virtual
que nunca.
Es imagen, es canción,
es humo, electrones en cadena.

Canta el cisne entre estertores.
Canta,
¿no lo escucháis?
Ahí suena, entre lagartos con nidos
y entresijos de cables circuitados.
Es el cisne un niño, una ballena
o una babosa.
Canta porque quiere el niño
una música
que le llegue en danzas
victoriosas y le embargue de
almíbar la cabeza.
El hombre quiere, el hombre pide
un molinillo que el sol relumbre
y transmita imágenes agudas
y sones celestes.
Quiere el niño, grita el niño
lo pide con ansiedad, lleno de zozobra
El mundo no es mío, para mí
lo invento cada día.

¿Quién no soñó con acordes que mecieran
su figura en arrobos de color de plata?
¿Quién entre pajas no buscare hasta encontrar
el sonido justo que acomodar a su espalda?

Y el amado vuela, revuela
como una bolsa de plástico
mecida por el viento. Un looping,
dos, gira a la derecha, danza armónica.
Sólo falta una cosa,
la música para dos ha de ser
escuchada a la vez en dos cabezas.
Sólo falta una cosa
amado encarnado por dentro
y por fuera.
Dentro, dentro.

María José Blanco

LAS DIOSAS EN EL OLIMPO

“Oh, mi alma no aspira a la vida inmortal,

sino a agotar los límites de lo posible.”

Píndaro

Debe ser divertido convertirse en diosa, el poder omnipotente tiene que ser adictivo. Tener la voluntad de hacer el bien y hacerlo, o mejor, tener la voluntad de hacer lo peor y hacerlo también. Las diosas que conozco son muy poco reales, debe ser que la condición de deidad atontece y las emociones y sentimientos a base de percicibirlos durante una eternidad, porque las diosas son eternas, deben dejar de ser estimulantes. Esto es lo único malo que veo a la posibilidad de convertirme en diosa blanca que las emociones no me estimulen y por eso no paso, por eso no. Haberme convertido en una idealización, alguna que otra vez, me ha hecho comprender que lleva asociado algunos graves fallos, a saber:

-Tu persona ya no importa, es decir, la idealización debe ser intangible, etérea, en algunos casos incluso deletérea pero si alguna vez sufre un vulgar dolor de cabeza o siente- a la diosa me refiero- un dolor de boca o de estómago nunca se tomarán como síntomas reconocidos. Que sufre ¡ pues que se joda¡ Esto no le tiene que pasar a una diosa.

-Estar idealizada lleva acompañado la invisibilidad, la mujer debe ser como un rayo de luna, perseguida pero inalcanzable, que apenas se vea sino que se adivine. El problema surge cuando una tiene un cuerpo grande, hermoso, bello, bien hecho, estupendamente bien proporcionado, con una piel suave, y lindos rizos que hermosean su cabeza, en este caso se hace difícil pasar desapercibida. Además ¡qué desperdicio pasar desapercibida¡, ese es el empeño de las feas y las gordas hacer que todas las demás seamos invisibles como ellas, o el empeño de los inseguros y cobardes, hacernos desaparecer.

-Como tal idealización la mujer no tiene vida propia sino que se convierte en la proyección de la psique femenina del hombre quien proyecta sobre una imagen el ideal de mujer que él siente dentro de sí, es decir, es encontrar su otro yo, su complementario pero de sexo inverso, convertirse en el Ánima. ¡Algo tan bonito¡ ¿Qué mujer no ha soñado alguna vez en convertirse en el ánima de su amante? ¡Desposeerse de toda materialidad y voluntad para adoptar la del ser amado¡ Esto he de decir que pasa todos los días, lamento tener que incluir esta vulgaridad pero yo en el supermercado constato varias parejas a las que les ha sucedido algo así como a los perros con sus amos, adoptan rasgos parecidos, consiguen tal simbiosis que hasta físicamente son similares. ¿Quién es quién? ¿Quién cinceló antes? No importa, ambos son culpables, uno /a por esculpir y el otro/a por dejarse ser esculpido. ¡ Qué bonita imagen de despersonalización, animalización o cosificación ¡

Ante estos datos debo desengañar a cualquier pobre crédula que piense que la idealización es algo hermoso, entrañable. No queridas, no, las diosas en el Olimpo, sobre la tierra mujeres de carne y hueso que muerden, que besan, que patalean, con sangre caliente y roja que les otorga la divinidad de la vida.

LA VIDA. Mujer, la vida.

María José Blanco.

KABUKI

KABUKI

-Yo no miento. Nunca miento y no soporto a las que personas que lo hacen. En todo caso sólo digo verdades a medias.

Declaraba el hermafrodita insistentemente ante la presión del público que le abucheaba llevado por un histerismo frenético, provocado, en parte, por el aspecto despreciable que presentaba aquel individuo sumergido en un sudor intenso y con una desnudez asquerosa.

Sólo él sabía toda la verdad y hasta ese momento sólo él sabía de su condición de sanguijuela malparida; conocía su anomalía, su impostura y su carencia de percibir sentimientos pero suplía tal pobreza de carácter con la representación de una vida de máscaras. Él era el Kabuki.

María José Blanco

FETICHE

No tengo voz ni imagen,
solo palabras impresas que me subyugan
y me redimen.
Tenso la cuerda esperando que el cordel
explote, pero el cordel resiste
y tenso un poco más cada vez.
Mi voz no importa, mis ojos no transmiten,
no tengo tacto ni anhelo sentimiento alguno,
perdida en una jaula sin límites
doy vueltas y vueltas para poderme
desatar. Lucho desesperadamente por
entenderme sin perder el norte
y cada imagen , cada idea en mi mente
tiene un referente único.
Pronto acabará la vorágine.
Los hechos fríos, de sangre pétrea
emergen con mayor claridad.
No es posible salvar a quien no quiere cura. Y
yo ya no la deseo.
No es posible entender a quien no comprende.
Metida en un saco inmundo donde toda impudicia
cabe, aceptaré la imagen virtual que me ha sido otorgada,
sin más humanidad ni más relieve que una imagen plana
con mi nombre impreso.
Olvidar es sagrado y sanador,
la tinta corre por mis venas y la sangre de color negro
no espera ya más salvación.
Me quería muerta y aquí me tiene
yacente sobre una lápida fría de la pantalla
de su ordenador. El terror de los cuerpos no es mío,
una muñeca hinchable a la que colocar un coño de
quita y pon… ¿Esto es vida?…

La vida soy yo.

María José Blanco (PEPA Roble)

VIVIR EN CUATRO TIEMPOS

Si hay alguien que piensa que el mundo de voyeurismo obtiene su máxima expresión con la llegada de las últimas tecnologías, con la llegada de internet, se equivoca por completo. Si piensa que la naturaleza voyeurista es propia del género masculino quedando relegado el exhibicionismo para las mujeres, como objeto de deseo, se vuelve a confundir rotundamente. Existen unos seres que encarnan la esencia del voyeurismo en su estado más puro, que convierten el voyeurismo en su única forma de vida social y que comprenden en su más alta concepción filosófica, metafísica y física lo que significa ver sin ser vista.

Estos seres que como fantasmas aparecen, a los ojos del hombre- mujer occidental, casi únicamente en imágenes dentro de un telediario o de algún documental no son otros que las MUJERES CON BURKA. Pocas visiones adquieren tanta fuerza e impresionan tanto como ver a uno de estos entes en persona. Apariciones que reflejan la luz sin emitir. Sólo ellas comprenden los distintos matices que adquieren los modos de ver en su doble naturaleza como mujer- persona, de puertas hacia dentro de sus casas, y como mujer – fantasma, sin rostro ni cuerpo, en la calle.

El Burka es la gran máscara, la máscara total. El manto negro es una señal clara: SEÑAL DE NO SEÑAL. Serás visto y observado pero ninguna información de signo no verbal será emitido por ellas, sólo el Burka habla: NO PUEDES VER, NO DEBES MIRAR. No establecen lazos de unión con el mundo circundante, como bits de información aislada pasean pos las calles sin conexión con el resto del mundo. Ataviadas con sedas y alegres colores tras el ropaje oscuro para ellas el camino hacia la desnudez adquiere un nivel más. Es la vida en cuatro tiempos. Cuatro tiempos encuadrados en diferentes mundos. Cuatro tiempos en una senda de ahondamiento en busca del verdadero yo. Sincronizaciones distintas adaptadas a espacios que se alternan, nunca simultáneos:

Tiempo 1: Vida social, fantasmagórica con el burka.
Tiempo 2: Vida familiar en la casa.
Tiempo 3: Vida ínitima. El Desnudo, la persona vestida con su piel. La sexualidad.
Tiempo 4: Mundo de la desnudez. Sin vestimentas. La mujer sola con sus sentimientos.

A ellas, el resto de la sociedad sólo les queda decir:

HASTA QUE EL BURKA NOS SEPARE.

María José Blanco ( PEPA Roble o sinfonola )