BURBUJAS

 

En la orilla del río siempre hay lodo. No tenía intención de ir hacia la orilla pero aquella insistencia machacona de su acompañante le ponía nervioso. Esa manía por los lugares firmes, limpios sin rastros que marquen huella más allá del lugar donde se ha pisado no le parecía honesto. Cuando la tierra se adhiere en los zapatos hay un sentimiento, el recuerdo queda presente y podía verificar que su paso por los distintos lugares tenía sentido más allá de una simple visita comercial al estilo de los grandes supermercados o centros comerciales donde lo único apetecible es que nada de aquella pestilente murga de batallones gritones pudiera quedar impregnado en su cuerpo más allá de alguna prenda que luciría en algún lugar adecuado, o alimentos que más tarde se apresuraría a cocinar siguiendo las tradicionales recetas de algún libro adquirido para la ocasión.

Te estás manchando los pantalones, ya te lo había advertido. Su acompañante seguía empeñado  en salvaguardar su  integridad adquirida tras la ducha diaria en el momento en que   el agua recorriendo su cuerpo se mezclaba con el blanco espumoso que aseguraba la eliminación de todas las bacterias e impurezas. Así lo indicaba en la etiqueta: higiénico, hidratante, tonificante. El símbolo que certificaba el producto como apto según las normas de la UE daban la tranquilidad necesaria para su uso. El río ligero, vivaz como un trampolín tras el último salto también llevaba burbujas espumosas de color blanquecino. Aquello le hizo dar un respingo hacia atrás y confirmaba que su acompañante no tenía razón, no había nada que se pudiera aislar. Todo quedaba configurado según el lugar donde se representara la escena. Las mismas burbujas, la misma espuma en danza con corrientes de agua viva y unas manchaban y otras no. Y en ese instante comprendió: nada puede ya despertar el sonido del agua con la espuma del mar.

María José Blanco

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EL ARTE DE LA ROTULACIÓN

El mito de Bond es uno de los más prolijos en la historia del cine. Desde que surgió el famoso agente 007 al servicio de su graciosa majestad hace ya casi 60 años, el personaje ha pasado por diferentes cuerpos y rostros de  actores que encumbran su carrera dando cuerpo al mito. Su nombre James Bond se lo debe a un ornitólogo por el que Fleming tenía especial predilección. Lo eligió con la intención de que fuera lo más general posible y consiguió que se convirtiera en el único. Lo ensalzó a la categoría de mito.

Sin Bond – Sir Bond-  el Martini no tendría el mismo sabor y con él, el doble “0”   adquirió un nuevo sentido. En ese camino hacia el mito se dirigen todos los grandes personajes, pegar el salto de lo individual a lo universal y poder ser un ” 00_” con licencia para fotocopiar. El fenotipo de la humanidad rediseñado, mejorado y con un acabado en acero mortal.

Evoluciones del mito:

 

 

 

STELLARATOR

El corifeo griego danza ebrio

como        mítico             postulante

hacia el cadalso de los dioses.

Las Hembras vocean en ritos  hermanadas

por los cantos de Lesbos mientras paren

sátiros mutantes entre árboles arrepentidas

por sucumbir a la llamada del Viejo Orden.

 

No hay Antígonas que reconozcan al padre

ni Eneas que dirija hacia patria alguna.

Solo quedamos           nosotros         a los que llaman subhumanos

intentando distinguir el placer de los colores

y la agonía de la selva mater.

 

Nacen hombres santos anunciados por señales

astrales instruidos en las técnicas.

Ellos se encargan de apaciguarnos en energías renovables

que proyectan sobre el universo.

Diminutos Quarks rebotan sobre el limbo

y protegen nuestros destinos.

 

El plástico es un nuevo material

que recogen de cerebros implantados,

nadie         teme               nada,

todos hemos quedado contentos.

Solo siento un pequeño escozor

cuando el nuevo instructor del Plan de Acción

Tutorial lleva un stellarator junto al disco duro.

María José Blanco

YONKI PUR

EN RED

Entran los durmientes

con anillos de oro en jaulas

con vapores de alcanfor.

 

Alcanzan bisontes, ríos y brezales

enlazados al ritmo de

frecuencias inauditas.

 

Sus ritos son los de la tribu.

Creen en la sombra, el aire, las flores

y el sol. Tienen los cabellos de finos hilos

que tejen de forma artesanal con la luz

sobre su frente, un spín que gira y da

vueltas con un vector según su edad.

 

Sienten los durmientes sus miembros

sueltos, diáfanos, inmortales, desligados

rozando el plasma universal que unen

en cabalgaduras de epifanías celestiales.

 

Albergan la aurora de miles de estrellas

bajo sus pies y disueltos en su inmensa

luminaria rompen los límites de la piel:

átomos, células, tejidos que flotan en

fluidos ondulantes de hologramas verdes y azules

en conjunción con su vista astral.

 

Una supernova los incuba en su útero,

los alimenta con nutricios calostros tibios

que incrustados en miles de raíces beben. Absorbe

cualquier atisbo de vida

más allá del sueño que puedan tener.

 

Anestesiados,

sueñan los durmientes con ver el día,

sueñan los durmientes con volver a ver.

 

Pero, ¿ qué os ocurre ?

y ellos, aún entumecidos, contestan:

Es que dormimos juntos.

 

María José Blanco

 

” En el pasado, la cultura fue a menudo la mejor llamada de atención ante semejantes problemas, una conciencia que impedía a las personas cultas dar la espalda a la realidad cruda y ruda de su tiempo. Ahora, más bien, es un mecanismo que permite ignorar los asuntos problemáticos, distraernos de lo que es serio, sumergirnos en un omentáneo paraíso artificial, poco menos que el sucedáneo de una calada de marihuana o un jalón de coca, es decir, una pequeña vacación de irrealidad.”

VARGAS LLOSA, La civilización del espectáculo.

AGUA DE LLUVIA

Sería sencillo en su rincón

si tuviera agua de lluvia sobre

la que poder nadar. Si vistiera

trajes de mil rayas por las que poder

ver entre línea y línea

la madera

con la que tallara las ideas  inconexas que parecen

realidad.

 

Sería feliz si su orgullo no le impidiera

poder desnudar tanta

inmundicia  que surca las marcas de su edad profundas.

 

Sería distinto tras un cristal sin puertas

donde limpiase el rastro de un pasado sin

gloria.

Un pasado arrastrado como el estiercol

de un corral que corroe cualquier destello de

verdad, que en su mundo,

en el nuestro, con ahínco,

como héroe sin destino o indígena sin tabúes

él quiere, ansia y desea.

 

Sería feliz, sin más, si un día con luz

contemplara su sombra en el espejo

y ante tanta fealdad poder admitir: sí, este,

este soy yo con el estiercol, con la mierda, la

metralla, inundado, maltrecho, acojonado,

mas alegre y feliz. El hollín ya no quema,

ya no mancha, ya sólo es estela de cenizas, partículas de

nada que han dejado de existir sobre mi única e intransitable soledad.

María José Blanco

EL ARTE Y LA CUARTA DIMENSIÓN.

Esta Semana Santa, mientras esperaba a que saliera una de las numerosas procesiones que forman parte de mi constructo cultural y emocional más allá de las cuestiones de fe, o quizá plenamente enraizada con la fe en una búsqueda metafísica de la belleza, de todo aquello que tenga la capacidad de estremecer mediante una puesta en escena muy cuidada determinada por los reglas que configuran el rito, decidí sentarse en las escalerillas de una plazuela inundada de sol y el sonido del agua que corría en una fuentecilla de espaldas a mí. A mi lado había un maletín con seis bolos de plástico, un juguete infantil que en un principio no vi acuciada por el cansancio de la espera y el deseo de reposar un rato. Rápidamente aparecieron dos niñas mellizas que me miraron con recelo abrazando el tesoro que creían podía estar en peligro ya que yo había violado la distancia de seguridad que ellas habían dispuesto para tal objeto que era pieza básica para el juego en el que estaban sumidas.

Una de ellas abraza el maletín al mismo tiempo que me lanza una mirada que me decía “esto es nuestro” y sin hablar yo la miro también, le dirijo una mirada consoladora de asentimiento, comprendiendo su mensaje y aceptando que el juego podía continuar porque yo no iba a suponer una molestia. De esta manera las niñas continúan el juego, imaginan que están en la escuela y al mismo tiempo mezclan la escena con lo que está sucediendo en ese momento. Comienzan a jugar a mi alrededor, han decidido incluirme dentro de su mundo real imaginario y se sientan a mi lado con su continuo parloteo. Yo las observo y una de ellas me dice:

-Somos fantasmas.
-¡ Vaya sois fantasmas ¡ Y cómo os llamáis.
-Yo me llamo Sofía.
-Y yo me llamo Beatriz.
-Somos fantasmas y estamos en la escuela. Atención la maestra ha dicho que es la hora del relax.
Las niñas colocan sus cabezas sobre sus brazos reposados en el suelo y figuran que están en el periodo de relajamiento que les había mandado la maestra imaginaria.
-Ya es hora de la merendilla.
-Ah, sí la marendilla, nuestra deliciosa merendilla- Abren el maletin y se disponen a simular que comen los bolos de plástico. Como ya soy parte de su imaginario comparten un bolo conmigo y me dicen que es de fresa, acotan perfectamente su mundo ilusorio, son ellas las que crean y yo sólo participo de forma pasiva.
-Así que sois fantasmas- les comento yo-
-Sí, sí somos auténticos fantasmas. Mira toca, toca- Sofía se pone a mi lado indicándome que le toque el brazo derecho que demostrará su verdadera existencia fantasmal.
-OH¡ S,í verdaderamente sois fantasmas no os puedo tocar.
Mientras les digo esto toco su brazo izquierdo haciendo presión sobre él. Los ojos de Sofía se iluminan, sonríe pícaramente y establezco con ella un lazo de complicidad pues comprendiendo su absoluta materialidad he entrado a participar y aceptar su naturaleza inmaterial, al fin y al cabo estamos sumergidas en unas coordenadas espacio-temporales diferentes al resto de personas que nos rodean y que no participan de la Demo virtual como nosotras, nos pueden ver pero no comprender porque el espacio que habitamos aunque contiguo es muy distinto.

Entonces pienso en el juego y en la importancia que tiene para los humanos por ser el canal de aprendizaje para poder comprender en su totalidad el mundo que nos rodea. El artista sería un adulto que nunca abandona el juego para entablar con él una relación muy especial que le permita transmitir su concepción del mundo a través de imágenes visuales, verbales o acústicas. Establece con el espectador la misma relación que se creó entre Beatriz, Sofía y yo, una relación de complicidad haciéndole partícipe de un estado de conciencia propia que comunica a través de un sistema simbólico complejo donde las relaciones semánticas se amplifican porque pone en contacto dos subjetividades la del autor y la del espectador, todo un mundo enriquecido que asegura la simulación, la posibilidad de traspasar la línea del mundo tridimensional a una cuarta dimensión donde la lógica se combina en un contínuum indisoluble con la irracionalidad, las coordenadas espacio-temporales se rompen y se entra en un cuadro de múltiples colores unos dados por el artista y otros aportados por el que la comtepla, una visión recíproca hacia los mundos interiores y compartidos.

ÉL PARTIDO EN DOS TIEMPOS:

¿ Qué necesidad tenía Miguel Angel de copiar la cabeza del Apolo de Belvedere y colocárselo a un cuerpo que le resulta desproporcionado copiado al mismo tiempo de una escultura griega ? ¿ Es que Miguel Angel después de pintar todo el techo de la Capilla Sixtina, no era capaz de imaginar un rostro y un cuerpo sin necesidad de tomar dos modelos que podían ser rápidamente identificados ? Nuevos dioses con costumbres antiguas. Igual que la costumbre romana de colocar cabezas diferentes al mismo cuerpo de estatua para poder reciclarla.

Miguel Angel Buonarroti juega con el espectador, no le basta con reflejar su versión de la Apocalipsis sino que le deja pistas, señales en distintos lugares para transmitir mensajes paralelos que le permita escapar del encorsetamiento al que se somete por realizar una pintura por encargo. Su genio y su carácter sale por todas partes, como queriéndonos decir: Una cosa es lo que me mandan pintar y otra muy distinta lo que yo voy a decir. Nos transmite su pensamiento a través de las visiones de San Juan. Su conciencia a través de un juego intelectual de verdadero virtuosismo arquitectónico.

Esa es la chispa y la genialidad del arte, nada es lo que parece todo depende del cristal del ojo que mira.

María José Blanco.

EL PENSAMIENTO III

Bosque, en su gramática descriptiva del español diferencia entre tiempo físico, tiempo cronológico y tiempo lingüístico siguiendo a Benveniste (1965) explica los tres conceptos que el autor propone para una misma categoría que es el tiempo.
Según Benveniste- y según Bosque también, se entiende, por eso lo elige- el tiempo físico es un continuo uniforme, infinito y lineal exterior al hombre. El tiempo cronológico es el tiempo de los acontecimientos y el tiempo lingüístico, curiosamente no define lo que es el tiempo lingüístico sino que da las características en las que se fundamenta.
Esta diferenciación creo que es artificiosa y no aclara los conceptos sino que los enreda aún más. Diferenciar el tiempo físico del tiempo cronológico es lo mismo que diferenciar una manzana de todas las manzanas, no aclara lo que es una manzana, sólo señala una parte del gran conjunto de manzanas nada más. Existe el tiempo y diferentes maneras de describirlo bien mediante el cómputo cronológico de segundos, minutos, horas ; señalando por convención un suceso O a partir del que medimos los días, los meses, los años, por ejemplo, el año cero en la era cristiana o bien mediante las expresiones lingüísticas-morfemas o lexemas- que utilizamos dentro del lenguaje.
Las expresiones lingüisticas están basadas en la medida cronológica: una hora, hoy, ayer, mañana, el 27 de agosto de 1937 y al mismo tiempo en la linealidad del tiempo físico ( pasado- presente-futuro)a la que alude Benveniste que no es otra cosa que la condición sucesiva de las acciones que por ser repetitivas adquieren un carácter lineal dentro del eje pasado- presente- futuro.
El tiempo no es exterior al hombre sino inherente al él en tanto que es una de las bases sobre la que se fundamenta la conciencia, por tanto no es algo exterior como un sillón o una mesa que está ahí pero que no afecta para nada la existencia de su ser, sino algo interior que se vive como tal y que da sentido a su propio existir en un continuum temporal. Otra cosa es la apreciación subjetiva del tiempo que por utilizar una terminología lingüística no sería nada más que un uso trasladado del propio concepto de tiempo.
“ Las diferencias básicas entre tiempo cronológico y tiempo lingüístico se observan con claridad si se tiene en cuenta que el primero tiene la fechación como su finalidad fundamental mientras el segundo se centra en la orientación con respecto al punto cero establecido en cada enunciado” ( pág. 2873)
Tanto para la medición del tiempo cronológico, del que habla Bosque, como para la medición del tiempo lingüístico se necesita de un punto cero a partir del cual medir, porque no son nada más que diferentes descripciones del mismo fenómeno.. En el caso del enunciado lingüístico ese punto cero es siempre el momento en el que se sitúe el hablante, es el momento presente en el que se da la enunciación dentro del habla oral aunque dentro de la lengua escrita este punto O deíctico a partir del cual se establece todo el dispositivo temporal de la lengua puede ser trasladado y no pertenecer al momento presente en que el emisor emite el mensaje sino trasladarse al momento en que se prevee puede surgir el acto comunicativo, es decir, cuando surja un receptor: “Usted está saliendo ahora de Berlín Oeste”
Este último caso sólo se dará en los actos comunicativos diferidos de la lengua escrita y nunca en los actos comunicativos directos de la lengua oral.
“ Frente a la linealidad y el carácter irreversible del tiempo físico, el lingüístico consiste en la situación de los acontecimientos en una zona anterior, simultánea o posterior con respecto al punto central o bien a algún otro punto situado a su vez con relación al central. Lo fundamental es pues la orientación directa o indirecta con respecto al punto cero” ( pág- 2874)
Esta característica que determina como caracterizadora exclusiva del tiempo lingüístico es el producto de una característica del tiempo físico que a pesar de ser irreversible se puede medir tomando un punto de referencia y estableciendo una línea que marca la anteriodad y la posterioridad a ese punto, esto es justamente lo que hace el lenguaje medir el tiempo basándose en características propias de la realidad, extrae las características primordiales y las utiliza en la expresión del tiempo lingüístico.
El tiempo lingüístico es una forma de describir y medir el tiempo físico y participa de las mismas características fundamentales que éste apropiadas de forma inherente por el individuo.
El español frente a otras lenguas utiliza la misma palabra tiempo para hacer referencia al fenómeno general, la categoría lingüística y las formas en que se manifiesta, frente a otras lenguas como el inglés y el alemán que utiliza distintos términos. De esta forma el español pone de relieve que aunque haya diferencias en la manera en que se puede describir un mismo fenómeno “ el tiempo” estas descripciones participan de características inherentes del propio fenómeno y por ello se identifican con el mismo término:
A. Para los físicos el tiempo constituye la cuarta dimensión
B. Tiempo y modo, son dos categorías gramaticales.
C. En español, el indicativo tiene más tiempos que el subjuntivo.
Podemos distinguir distintos tipos de nieve como hacen los esquimales asignándoles términos diferentes pero en esencia todos ellos participan de las características fundamentales que definen el término nieve. Nosotros no tenemos tantos términos para designar el mismo fenómeno pero podemos restringir o delimitar su significado añadiéndole adjetivos que formen una unidad de significado con el sustantivo matizándolo:
-nieve dura, nieve en polvo, nieve blanda, nieve congelada… etc.